Cantan un Huevo (2000-2001)

Cantan un Huevo se compone de cinco a quince unidades de vibración independientes y cada una de esas unidades se comporta de una manera tan compleja como el Krachtgever al completo. Cientos de muelles, originalmente usados para hacer un colchón, resultan, cuando se mueven, una superficie extremadamente complejo. Un ligero motor oscilante provoca que las garrafas de cristal colocadas encima de los muelles, rocen ligeramente unas con otras. Sólo se escucha el vidrio. La idea para el sonido nos había estado rondando desde aquellas memorables grabaciones que hicimos durante el trayecto de Kiel a Oslo.

De manera imperceptible, el barco vibró causando el traqueteo de las botellas de alcohol que estaban en los estantes de la tienda libre de impuestos; el efecto fue alucinante. La vibración fue una lenta, larga y maravillosa onda que dilató el sonido de la nada y lo hizo desvanecerse del mismo modo. Una y otra vez. La primera versión de Cantan un Huevo, de no más de cinco mesas vibratorias, fue un encargo del Ives Ensemble, Amsterdam. Una etérea y delicada celebración del sonido, interpretada por cuatro músicos junto con la instalación y estrenada en el IJsbreker, Amsterdam, marzo 2000. Una versión más grande de nueve mesas vibratorias fue estrenada poco después en el Tschumi Paviljoen, Groningen, julio 2000. En Metrònom, Barcelona, diciembre 2001, mostramos la obra por primera vez en su mayor extensión, con un total de quince mesas vibratorias. El rendimiento sonoro ha ganado mucho en lo que respecta a la dinámica y la complejidad, variando desde armonías sutiles, casi silenciosas, hasta nubes masivas de altas frecuencias.
En 2002 Cantan un Huevo recibió una mención (segundo premio) en el Concurso Internacional de Música Electrónica y Arte Sonoro, Bourges, Francia, en la categoría «instalaciones».

 

Grabación de sonido de Cantan un Huevo con el Ives Ensemble, IJsbreker, Amsterdam, marzo 2000

(con arpa, trombone, violonchelo y percusión)